Neurotoxicos
 Neurona con destruccion masiva de axon.

Las sustancias neurotóxicas son aquellas que poseen la capacidad de provocar la muerte de tejido nervioso, ya sea matando a las neuronas directamente o bien causando la necrosis de las células gliales.  La utilidad (real o supuesta) de algunas de tales sustancias lleva a que se les encuentre con frecuencia en lugares habitados por el hombre.  Por lo tanto, el uso responsable y/o las medidas que las personas adopten ante los neurotóxicos pueden ayudar a la prevención, más que la iniciativa de terceros.

Entre las sustancias con capacidad neurotóxica más frecuentes, encontramos:

  • Plomo.  El plomo es un mineral metálico extensamente difundido en el ambiente y utilizado en diversas actividades humanas.  Las personas pueden estar expuestas a través de alimentos (soldadura en latas, cañerías de agua, etc.), contaminación del aire (en países en los cuales aún se usa bencina con plomo), restos de pintura (cuando no se la renueva a tiempo o se la descascara sin mascarilla), juguetes y adornos de plomo, etc.  Produce deterioros en la capacidad intelectual, especialmente en la memoria.  En algunas ciudades, como en el norte de Chile (p. ej., Arica), se encuentra áreas pobladas próximas a acopios de plomo.

  • Solventes volátiles.  Los solventes son una de las partes esenciales de toda solución y muchos resultan imprescindibles para factibilizar su el uso del soluto, como sucede con pegamentos, pinturas, material de relleno, ceras, etc.  La exposición se produce usualmente a raíz del uso en ambientes no ventilados o, peor aún, en los cuales las personas permanecen incluso cuando duermen.   Sus efectos euforizantes y de reducción de hambre, seguidos de somnolencia y calma, los convuerten en sustancias a las cuales las personas pueden convertirse fácilmente en adictas y lejos de reducir su uso, pueden buscarlo deliberadamente.  Producen daños relevantes sobre áreas de la memoria, procesamiento de la información y juicio de realidad, entre otros.

  • Numerosos plaguicidas e insecticidas.  Muchas de estas sustancias han permitido la extensión de la agricultura e incrementado la seguridad humana ante insectos y malezas.  Además, lo han hecho a un costo monetario significativamente menor al que representa la implementación de controles de tipo biológico.  Sin embargo, su uso excesivo (y en ocasiones su uso en menor escala), puede provocar a través de la ingestión o su absorción por medio de la respiración o la piel, daños severos sobre el el sistema nervioso.   Particularmente expuestos se encuentran quienes laboran en el agro sin elementos de protección adecuadas (o sin darles el uso adecuado, aunque les hayan sido suministrados). Sus efectos indeseados incluyen alteraciones en la coordinación de los movimientos, reducción de la capacidad de órganos sensoriales, parálisis, e incluso demencia y muerte.

  • Alcohol etílico.  El alcohol puede producir daños masivos sobre el sistema nervioso y con ello, sobre la mayoría de las capacidades intelectuales humanas.  Y aún cuando esto es aplicable a personas de cualquier edad, es especialmente grave cuando se produce exposición del feto, por consumo de la mujer embarazada, pudiendo derivar en retardo mental.  Como cualquier sustancia neurotrópica, su consumo debe estar excluido de todo el período gestacional.

La gran mayoría de los neurotóxicos pueden ser elaborados por la industria, sin embargo, su introducción en el ambiente inmediato no es responsabilidad de los fabricantes, sino de las personas que los emplean.  Y en los casos en los cuales no pueden usarse sin que se genere daño importante, su inclusión de la vida cotidiana es muchas veces, también una elección de la gente, no de la empresa.


Bibliografía recomendada

MATIFFANY-CASTIGLIONI, E. 2010 (Ed.). In Vitro Neurotoxicology: Principles and Challenges. Humana Press: New Jersey. 348 págs.



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